dijous, 26 de juny del 2014

Pese...


Pese a su inmenso dolor físico, aquel fluido evocado y derramado desaparecía sin más. El dolor era inútil dentro de un cuerpo vacío, vacío de alma. Vacío de dolor.
Recuerdo la pequeña risa de mi hermano como un sonido, no como un recuerdo. 
Paso a paso, muerte a muerte. Era tarde de verano, o puede que de invierno. 
El olor a limpio se mezclaba con el hedor de medicamento. Todo en esa casa singular y vulgar. 
Las pequeñas bolitas de polvo sobre-volaban aquella casa, la luz las dotaba de vida y visibilidad. 
Subí el escalón, escalón a escalón con aquellas sombras. Ella, la puerta estaba abierta de para en par, el parquet, como siempre, lucía ese brillo.  Los destellos de luz frenaban ante mi desgarrado rostro, destellos de luz producidos por aquel viejo espejo, que nos regalo un extraño vagabundo. Pese a su mal estado a ella siempre le agradó. Uno por uno, el ojo recorrió los pedacitos de reflejos. Mi rostro se mostraba desfigurado ante ellos. 

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